Autor: Vi-Chan/ParKimBoo
Pareja: --
El sonido de aquella vieja caja musical era lo único que se escuchaba
en la fría y blanca habitación. Simples notas repetitivas, lentas y calmadas
que de alguna forma hacían que una ligera añoranza se instalara justo en el
medio de su pecho y aunque no supiera la razón de aquello, era una de las pocas
cosas que atesoraba.
Uno de los pocos recuerdos que en su inconsciente permanecía.
A veces olvidamos las cosas realmente importantes, lo que llena
nuestras vidas. Las dejamos en un segundo plano y las damos por seguras. ¿Qué sucedería
si un día de improviso tienes un accidente y sufres daños permanentes? ¿Qué pasaría
si un día despiertas y tus recuerdos ya no están?
Oh… la memoria.
¿Alguna vez te has puesto a pensar que pasaría si aquellos preciados
recuerdos, momentos vividos y experiencias se esfumaran en el viento?
Lo peor de perder tus recuerdos es estar consciente de ello y no poder
hacer nada al respecto.
La nieve fresca, blanca y pálida cubría la mayor parte de
aquel escenario como una estela pura y brillante, dibujando un paisaje casi
angelical. Las copas de los arboles danzaban suavemente con el viento dejando
caer en el suelo los restos de la nevada de la noche anterior respirándose un
aroma fresco y limpio alrededor.
La vista desde su ventana lucía casi etérea, todo demasiado
tranquilo y relajado, casi como una de esas postales que sacan en la tele nada
más.
Dejando escapar un suave y casi imperceptible suspiro de
entre sus labios ligeramente separados, desvió la mirada hacia la habitación,
recorriendo esta con la mirada casi como si no reconociera las paredes blancas
que asemejaban la nieve afuera que segundos atrás observaba con extraña
paciencia.
El silencio se había apoderado de aquella estancia y con
esta una ligera sensación de miedo.
¿Qué había sucedido con la calma y añoranza de momentos
atrás?
Tan solo subió sus pies al alfeizar de la ventana cubierta
en su totalidad con barrotes y se abrazó a sus piernas, escondiendo su rostro
entre las rodillas. ¿A dónde se había ido esa melodía? Necesitaba las dulces
notas de nuevo retumbando en sus oídos.
El silencio era ensordecedor y todo lucía tan pulcro y esterilizado
que no pudo soportarlo más.
Llevó ambas manos a sus oídos intentando callar el
ensordecedor silencio, cerrando con fuerza sus ojos dejando que un grito fuerte
saliera de su garganta y aunque esta le doliera, silencio es todo lo que le
acompañaba.
De repente las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos y su
torso comenzó a mecerse de adelante hacia atrás y viceversa, aumentando de
velocidad casi con histeria. Sus gritos se hacían más fuertes y repetitivos a
la vez que aferraba con fuerza las manos cubriendo sus oídos.
No pasaron ni tres minutos cuando un par de enfermeras
entraron a la carrera y le sostuvieron con fuerza, pero se deshizo de ellas con
un brusco movimiento al levantarse y huir a la esquina opuesta de la habitación
y comenzar a golpear su cabeza con fuerza contra la pared, queriendo sacar de alguna
forma esos demonios internos que le atormentaban a diario, queriendo deshacerse
de aquel silencio que se llevaba su cordura de a poco, lentamente sumergiéndole
en el pozo en el cual se encontraba.
Dos pares de manos lo sostuvieron y no fue si no después que
lo acostaron a la fuerza en su cama y ataran aquellas correas en cada una de
sus extremidades que notó unas cálidas gotas rodar por el costado de su rostro.
-Cada vez son más frecuentes…- Susurró con tristeza una de
las enfermeras a la vez que se volteaba hacia el chico en la cama, dedicándole una
suave sonrisa antes de administrarle el sedante con una inyección.
El chico de pronto dejó de luchar con las correas que le
sostenían firmemente y sus expresiones cambiaron a unas neutras y hasta sin
vida.
Lucía como un caparazón vacío, hermoso a la vista pero sin
nada en su interior. Sus ojos divagaban por la habitación como si observase
escenas de otros tiempos, como si su espíritu no se encontrase en el mismo
lugar que el, ajeno a las personas que le rodeaban.
Era realmente triste que aquella mirada que una vez estuvo
tan llena de vida hoy en día luciera tan vacía, sin brillo alguno o atisbo de
lo que solía ser.
Un par de gasas y vendas fue lo necesario para curar las
heridas en su cabeza producto de los constantes golpes contra la pared. Pero aquella
herida era diminuta en comparación con la que tenía en su corazón y alma.
-Dicen que su enfermedad fue lo que lo puso así…- comenta la
enfermera luego de abandonar la habitación, observando al taciturno paciente a través
de la ventanilla de la puerta.
-Su condición fue empeorando y al perder por completo su
oído no pudo soportarlo, siendo la música lo más importante en su vida… - un
suspiro escapó de los labios de la anciana vestida de blanco uniforme, negando
un par de veces con pesar.
-Y pensar que fue una de las mejores voces del país,
demasiado talento en una sola persona…- comenta la más joven a su lado, atreviéndose
a echar un vistazo por la puerta- Pobre chico…
Aquella dulce y melancólica melodía de la vieja caja musical
comenzó a sonar y los ojos enrojecidos del muchacho se cerraron suavemente,
dejándose embriagar con las notas repetitivas permitiendo que su mente volara
lejos.
Lejos de aquellas cuatro paredes blancas que le apresaban,
lejos de su mundo de tortuoso silencio, lejos de aquel hospital psiquiátrico en
el que sin más opciones tuvieron que internar.
Aislado de todo, Kim Junsu pasaba sus días atesorando la
melodía que muy pocas veces lograba recordar.
¿Te imaginas que un día despiertes y no sepas quien eres? ¿Imaginas tal
miedo? El no saber en dónde estás y que solo un recuerdo te mantenga en este
mundo a duras penas, en esta realidad. ¿Qué sucedería si perdieras dicho
recuerdo?
~Listening: IU - The story only I didn't know ~

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