Autor: Vi-Chan/ParKimBoo
Pareja: YunJae
Pareja: YunJae
Un trago. Dos tragos. Tres tragos. ¿Cuántos se necesitaban para olvidar a una persona?
Aún no son suficientes…
Cuatro. Cinco. Seis. ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que sus malos hábitos, trasnochos y borracheras le pasaran factura y terminaran de acabar con la patética vida que llevaba?
Sonrisas falsas eran mostradas por doquier, esas que aprendió del mejor. Su vida se resumía en hacer lo que sea que le pidieran en la compañía, ser el perro faldero de los ejecutivos para que le dejaran en paz y atragantarse en alcohol por las noches, buscando un poco de confort con aquel amargo líquido el cual mezclaba con alucinógenos. ¿De qué servían sus horas libres y noches, si todo lo que le recibía era una casa vacía, fría y oscura?
Una vez, dos veces, tres veces. El carmesí goteaba en cámara lenta como si de una escena de película se tratase, rodando los ojos hacia atrás dejándolos en blanco antes de cerrarlos, dejando profundos cortes de los cuales brotaba el tibio líquido espeso, manchando su ropa y el granito pálido del suelo de aquella oscura habitación, relajando su cuerpo entrando en una especie de trance, respirando profunda y lentamente permitiendo que el dolor de las heridas físicas le calmaran de momento. Cortadas frescas sobre cicatrices recientes y otras un tanto viejas ¿esa era la vida que debía llevar?
No…
Su vida era perfecta porque la persona perfecta estaba en ella, ahora solo era un caparazón vacío, un adorno más.
Esbozó una débil sonrisa ante aquel hermoso rostro que apareció frente a sí, oh dulce espejismo… su cerebro siempre jugaba con su cordura, el realmente no podría estar ahí. Era simplemente imposible.
Decidió disfrutar de aquel delirio de mirada preocupada y melancólica, llevando su mano hacia el pálido rostro casi percibiendo su calidez, parecía tan real que su corazón no pudo soportarlo. Lágrimas furtivas empezaron a correr por sus mejillas, el dolor físico jamás era lo suficientemente fuerte como para opacar el que su corazón sentía y las drogas jamás eran lo suficientemente efectivas como para dejar su cerebro en blanco.
¿Quién diría que el terminaba sus días hecho un ovillo en el suelo sobre un charco de sangre, ebrio?
Se abrazó a aquel espejismo, recostando su cabeza en el amplio pecho para luego subir el rostro hacia él y admirarle en silencio, dejando que las lágrimas mojasen la camisa de aquel de pálida tez. “¿Tienes idea alguna de cuanto te amo…?” murmura en una voz ahogada por el llanto, aferrándose con fuerza a aquella cintura estrecha que tantas veces abrazó y besó, esa cullo dueño ocupaba un ciento cincuenta por ciento de sus pensamientos.
“Te necesito… siempre te necesité.” –murmura escondiendo su rostro en aquella blanca prenda que este vestía, sollozando sin poder o querer ocultar más la impotencia que sentía al no poder tenerle a su lado de nuevo. “Te amo…” susurró nuevamente para dejar que sus pesados parpados se cerraran, sintiendo la habitación dar vueltas y desvanecerse al mismo tiempo en que perdía la conciencia.
Una noche más. Otra noche más en la que quedaba pendiendo su vida de un delgado hilo, entre la cordura y la locura, entre un mundo y otro. No importaban cuantas batallas internas tenía a diario, siempre que se quedaba dormido en los brazos de aquella alucinación una tenue sonrisa atravesaba sus labios, dudando realmente de qué era real y que no, simplemente dejando que su cerebro jugase cuanto quisiera.
Otra noche en la que Jung Yunho quedaba tendido en el suelo de su habitación, completamente solo, murmurando palabras incoherentes a una persona imaginaria, una persona que por motivos desconocidos le abandonó a su suerte.

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